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¿Estados Unidos está detrás de la intentona golpista en Turquía?

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Diario Turco

Mensaje por marinawais el Lun Ago 01, 2016 7:23 pm


La campaña anti-Gülen en Turquía: El fortalecimiento de militantes y yihadistas en Pakistán


El Dr. James M. Dorsey señala el dilema para las autoridades paquistaníes que representa las presiones de Erdogan contra el movimiento Gülen

26 July 2016 Tuesday 12:15



La campaña anti-Gülen en Turquía: El fortalecimiento de militantes y yihadistas en Pakistán  
 
Una demanda turca para que Pakistán cierre 28 escuelas primarias y secundarias asociadas con el polémico y auto-exiliado predicador turco Fethullah Gülen ha puesto al gobierno de Islamabad en un dilema en su intento por recuperar el control sobre un sector de la educación en el que figuran prominentemente militantes islamistas y yihadistas.

La demanda del embajador de Turquía en Pakistán, S. Babur Girgin, para el cierre de las escuelas administradas por las PakTurk International Schools and Colleges era parte de un esfuerzo global para desmantelar la red del Sr. Gülen, residente en Pennsylvania y cabeza de Hizmet, uno de los movimientos islámicos más grandes y ricos del mundo con empresas, escuelas y universidades en decenas de países.

Las escuelas PakTurk tienen aproximadamente 10.000 estudiantes y son vistas como algunas de las mejores instituciones educativas de Pakistán. PakTurk ha negado ser parte de ningún movimiento político o religioso, pero admite que simpatiza con la filosofía del Sr. Gülen.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha culpado al Sr. Gülen del fallido intento de golpe de Estado militar ocurrido este mes y ha exigido que Estados Unidos extradite al predicador a Turquía. El presidente ha cerrado en la última semana unas 1.000 escuelas y 15 universidades en Turquía, las cuales, según él, estaban asociadas a Hizmet, y ha detenido o despedido del servicio público a unas 60.000 personas, supuestamente seguidoras del Sr. Gülen. En respuesta a las demandas de Turquía, Azerbaiyán cerró a principios de esta semana una universidad que fue fundada presuntamente por partidarios de Gülen.

El cumplimiento de la demanda de Turquía podría complicar los ya débiles esfuerzos del gobierno paquistaní por, no sólo crear un inventario exacto de las instituciones en el sector de la educación del país, sino también imponer una regulación. Altos funcionarios del gobierno admiten que no tienen una visión general precisa de cuántas escuelas existen en Pakistán, sobre todo cuando se trata de seminarios islámicos o madrasas.

Las estimaciones de los funcionarios del gobierno y expertos no gubernamentales cubren toda la gama, oscilando entre 25.000 a 88.000 madrasas, o entre un 1 a un 50 por ciento de todas las instituciones educativas, y un 33 por ciento de todos los estudiantes en un país en el que hasta el 50 por ciento de los niños en edad escolar no está inscrito en ninguna institución educativa.

El único punto en el que los funcionarios y los expertos están de acuerdo es el hecho de que la mayoría de las madrasas recibe fondos del extranjero, incluyendo cantidades sustanciales de Arabia Saudita, que suelen ir a instituciones más grandes. La financiación de Arabia Saudita que se adhiere al wahabismo, una interpretación puritana del Islam, es parte de una campaña de diplomacia pública que se extiende durante décadas, la mayor de la historia, que está diseñada para propagar versiones ultra-conservadoras de la fe.

"Si hay un segmento de la población que tiene completa libertad de expresión en Pakistán, este es el de la teocracia religiosa musulmana - pueden decir lo que quieran - no hay ninguna restricción, no hay castigo y no hay consecuencias estatales para ellos. Todos los demás “pagamos el precio”, advirtió la autora y asesora política Najma Minhas.

La opinión de Minhas, repetida por muchos en los gobiernos occidentales así como una serie de académicos, expertos y periodistas, es contrarrestado por los estudiosos críticos con las afirmaciones según las cuales las madrasas constituyen un caldo de cultivo para la militancia. Los críticos hacen énfasis en el bienestar y el impacto educativo de la mayoría de las madrasas en términos de los beneficios de un internado devengados por las familias pobres que ven cómo sus costes de alimentación y vivienda disminuyen, siendo incapaces, de otro modo, de dar a sus hijos una educación.

El impacto en la sociedad paquistaní de la omnipresencia del ultra-conservadurismo respaldado por Arabia Saudita es, no obstante, evidente en todo el país.

Un estudio reciente llevado a cabo por la Fundación Cultural Pakhtunkhwa, un grupo con sede en Peshawar que tiene como objetivo hacer frente a la erosión de la cultura, llegó a la conclusión de que "la escuela wahabí de pensamiento ganó influencia en la sociedad, debido a los acontecimientos políticos y el patrocinio del estado, y en particular a raíz de la guerra en Afganistán. Ideólogos de la escuela wahabí consideran la expresión artística contra el Islam... proclamar canciones, películas y cualquier aspecto artístico como obsceno... El fuerte descenso en la vida socio-cultural ha creado un vacío que está siendo llenado por misioneros religiosos", afirma el estudio.

Éste documenta en Peshawar el fin de los conciertos públicos, la desaparición de decenas de familias de artistas, el cierre de casi 200 tiendas de música y docenas de salas de cine, y la muerte profesional de actores y artistas.

Las nociones de inercia, si no complicidad, en las ramas de gobierno en el que las visiones del mundo respaldadas por Arabia Saudita han hecho incursiones significativas y son alimentadas por el hecho de que las fuerzas de seguridad rara vez capturan a los asesinos de artistas y trabajadores culturales o a los que destruyen tiendas y cines. Por el contrario, esas ramas del gobierno con frecuencia adoptan políticas que contribuyen a un entorno de aumento de la intolerancia. Las víctimas y sus familias son abandonadas a su propia suerte y a menudo reducidas a la pobreza extrema.

La Comisión de EE.UU. para la Libertad Religiosa Internacional (USCIRF) informó a principios de este año que los libros de texto de las escuelas públicas de Pakistán que fueron distribuidos a por lo menos 41 millones de niños contenían referencias despectivas a las minorías religiosas. La percepción de las minorías como amenazas se reforzó con la intensificada islamización de los libros de texto en la década 1978-1988 en la que el general Zia ul-Haq gobernó Pakistán.

"En las aulas de las escuelas públicas, los niños hindúes se ven obligados a leer lecciones sobre conspiraciones “hindúes contra los musulmanes”, y a los niños cristianos se les enseña que “los cristianos aprendieron la tolerancia y la bondad de corazón a partir de los musulmanes”. Esto representa una vergüenza pública de los niños de minorías religiosas que comienza a una edad muy joven, centrándose en su identidad religiosa y cultural y la historia pasada de sus comunidades. Una revisión del plan de estudios demuestra que a los estudiantes de las escuelas públicas se les enseña que las minorías religiosas, especialmente los cristianos e hindúes, son nefastos, violentos y tiránicos por naturaleza. Hay una trágica ironía en estas acusaciones, ya que los cristianos e hindúes en Pakistán se enfrentan a una persecución diaria, son víctimas frecuentes de la delincuencia, y son blancos habituales de la letal violencia comunitaria, las vigilancias, y el castigo colectivo", concluyó el informe del USCIRF.

"Al imponer la dura interpretación literal de la religión exportada y promovida por Arabia Saudita, hemos convertido a Pakistán en un paisaje apagado y monocromático donde se desaprueba, si no se prohíbe totalmente, el color, la risa, el baile y la música. Y, sin embargo, el Islam en el sur de Asia se caracterizó una vez por una tradición sufí, ahora bajo amenaza. Cada vez más, estamos siguiendo el ejemplo establecido por los talibanes", agregó el escritor paquistaní Irfan Husain.

"Enseñamos a los estudiantes la aqida (credo) de cada secta y les explicamos cómo y dónde esa aqida es errónea para que podamos guiarles a la aqidah correcta", señaló Umer bin Abdul Aziz de la madrasa Jaimatul Asar en Peshawar.

"Las personas que aseguran que lavamos el cerebro a los niños son americanas. A los estudiantes se les enseña el camino de la virtud y la yihad. Ellos aprenden que los seres humanos son huéspedes temporales en este mundo y que tienen que contribuir a su religión y la vida próxima. Ellos aprenden los principios islámicos entre los que se encuentran la yihad y la necesidad de defender los intereses del Islam y satisfacer a Allah", agregó un profesor de una madrasa militante de financiación saudí en Pakistán cuyos estudiantes provienen en gran medida de Afganistán.

Basándose en el análisis textual de los textos de las madrasas, el estudioso Niaz Muhammad advirtió que "nadie debería afirmar que sus declaraciones sobre el plan de estudios de la madrasa no tiene nada que ver con el sectarismo u otras formas de militancia religiosa."

El dilema para el gobierno paquistaní es claro. El primer ministro turco, Binali Yildirim, ha advertido que Turquía estaría en guerra con cualquier país que coopere o ayude al movimiento Gülen. Sin embargo, el cierre de las escuelas que preparan a sus estudiantes para una sociedad y una economía modernas es algo que el profundamente  problemático sector de la educación de Pakistán no puede permitirse.

El Dr. James M. Dorsey es catedrático emérito de la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam, co-director del Instituto de la Cultura de Fans de la Universidad de Würzburg, autor del blog “El Turbulento Mundo del Fútbol en Oriente Medio” y autor un libro con el mismo título que acaba de publicar.


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Mensaje por marinawais el Sáb Ago 06, 2016 9:55 pm

Estabilidad en Turquía: ¿En la cuerda floja o estrategia política?
POR MARIA AUXILIADORA DUBUC - OPINIÓN - 20 JUL 2016.



ESTABILIDAD EN TURQUIA:

¿EN LA CUERDA FLOJA O ESTRATEGIA POLÍTICA?

Hoy llama la atención, analizar los hechos acontecidos en Turquía las últimas semanas. Situación que se repite en algunos países del mundo donde las ansias y el afán de poder obnubilan a algunos dirigentes que pretenden perpetuarse en los cargos a costa de lo que sea y quien sea; así,  logran su objetivo: dividir a todo un país, sembrar odios y desigualdades, enfrentamientos inmanejables y muertes innecesarias. Ahora bien, en este caso, la razón: Imponer a toda costa el Proyecto del Presidente Recep T. Erdogan a pesar de su promesa incumplida de transformar el país, sus políticas arbitrarias, además de la influencia que genera la violencia desatada de la guerra que sufre su vecino: Siria.

El Presidente Recep T. Erdogan, sin duda es un líder. Lleva más de un década al frente de la política en Turquía,  entre 2003 y 2014. Fue Primer Ministro y desde hace dos años, es decir, en 2014, Jefe de Estado, cargo que conquistó con el 51.8% de los votos. Erdogan es militante del partido AK, y la situación es que este partido se ha convertido en un experto en ganar elecciones, aunque últimamente han generado dudas en la población acerca de su compromiso con el sistema de gobierno democrático.

Por otra parte, Recep T. Erdogan es un político islamista moderado, se ha envuelto en la guerra con Siria y respalda la oposición islámica que enfrenta al Presidente Bashar Al Asad. La violencia se extiende a través de la frontera y reaviva el enfrentamiento con el partido de los trabajadores de Kurdistan (DKK), así es como convierten a Turquía en blanco de yihadistas que se proclaman miembros del Estado Islámico. Eso causa intranquilidad en gran parte de la población. Turquía se encuentra envuelta en una fuerte agitación, de allí el intento de derrocarlo, con la intención de restablecer el orden constitucional y la paz social.

Pero es sano preguntarse, ¿de dónde le proviene a Erdogan ese apoyo popular? Es sencillo, atrajo a la gente incluyendo a los liberales, a través de la propuesta de un proyecto o un plan para reformar la economía y retirar a los militares de la política. Sin embargo su actitud actual, absolutamente autoritaria, limitando la libertad de expresión y el desatino de dar a la religión un papel protagónico en la vida pública y determinante en las políticas a implantar, además de revivir la guerra, le ha restado seguidores, alimentado el resentimiento y generado enfrentamientos de toda índole.

En esta oportunidad, Turquía vivió el quinto golpe de estado en su historia republicana con un levantamiento militar llevado a cabo por el Ejército contra el Gobierno de Erdogan, una junta dentro del ejército turco. Uno de los presuntos responsables: Fethullah Gülen, un clérigo musulmán, que lidera el movimiento opositor desde el exterior. Se dice que los organizadores del golpe lo orquestaron a sabiendas que el mismo iba a fracasar, menospreciando las pérdidas irreparables de vidas humanas, con el único objetivo de lograr la desestabilización del país.

Pero reflexionando sobre el tema la realidad es que no puede erigirse en defensor de las libertades quien hace público un documento a través del cual se asume el poder, si es que realimente en el fondo la misión es el restablecimiento del orden constitucional, la democracia y la defensa de los derechos humanos, para luego acto seguido sacar los tanques, cortar las comunicaciones, bombardear el parlamento, que dicho sea de paso, se trata de un lugar donde hacen vida política distintas tendencias e ideologías, kemalistas, liberales, conservadores, social demócratas, entre otras. Deniz Baykal, veterano político del partido republicano expresó que jamás vio un escenario de golpe de estado tan tragicómico.

La verdad es que la noche del golpe, fue de confusión y mensajes contradictorios. Todo se desarrolló con una gran rapidez, por un lado los militares, anuncian haber tomado el poder frente a las amenazas que vive Turquía y que el gobierno es incapaz de atajar, el toque de queda, el inicio de un proceso constitucional y la creación de un consejo de paz.

Por otro lado, Erdogan pide a la población tomar las calles para dar una lección a los traidores, y así evitar intentonas, a defender el poder democrático. Así, miles de personas comenzaron a llenar las plazas enarbolando banderas turcas, mientras desde las mezquitas, llamaban a defender el gobierno democrático. El caos se apoderó de las calles de Estambul y Ankara. Así rescataron al Jefe de Gobierno, quien llegó a Estambul y fue recibido por la población y restituido en el mando. El golpe había fracasado rotundamente.

Erdogan calificó el golpe de estado, como un regalo de Dios, que le permitió limpiar el ejército de traidores, aun cuando fue una minoría la incapaz de soportar la unidad de Turquía, a decir de él. La realidad es que centenares de personas se enfrentaron a los militares gracias a ese llamado irresponsable del Presidente en funciones, ese fue el contrataque. El Presidente expuso al pueblo, a la gente el resultado dantesco, un saldo de 265 muertos y unos 2800 detenidos por su participación en el golpe.

Cinco generales y 29 coroneles resultaron retirados de sus cargos y arrestados, según los informes del Ministerio del Interior de Turquía. Además se emitió una orden de arresto contra 140 jueces del Tribunal Supremo, quienes fueron sustituidos por estar sospechosamente relacionados con el predicador islámico, Fethullah Gullen, exiliado en Estados Unidos

Pero todo es muy sospechoso porque pensar que un movimiento liderado por un clérigo de 75 años que vive en el exilio desde hace 17, sea capaz de lograr montar y dirigir un intento de asonada que movilice a unos 3.000 soldados (y todo ello en el más profundo secreto), seria una proeza de dimensiones inimaginables, la realidad es que es un sinrazón, una locura y al parecer es algo más que un atrevimiento.  Lo que sí es verdad es que es de todos conocido que el pueblo turco no simpatiza con la intervención militar y que después de cada golpe, los partidos políticos salieron cada vez más fuertes en las elecciones.

En conclusión, las consecuencias de este golpe fallido lejos de generar desestabilización, tal cual como dije antes, era la presunta estrategia de los rebeldes han afianzado al gobierno, de manera que cualquier movimiento opositor sea político o no, como en caso del movimiento Hizmet, será señalado en lo adelante por el Gobierno como presuntos "golpistas" de modo que ese será el modus operandi a los efectos de detener y contener  masivamente mucha gente que se encuentra en la oposición, así como también una oportunidad inmejorable para deshabitar a los partidos opositores por completo.

En resumen, más persecución, mas amenazas, mas arbitrariedad, aquí se abrió una puerta de modo que comenzará una verdadera “cacería de brujas”,  más represión contra la libertad de prensa y contra los medios de comunicación social en general; además que el gobierno aprovechará para utilizar el argumento de la lucha contra los golpistas con la intención de buscar más apoyo internacional a los efectos de atrapar a aquellos que estén de alguna manera en contra del gobierno, quienes, sin duda, serán sancionados por pensar diferente, así las cosas, alguna semejanza con nuestra realidad no es más que pura coincidencia.

MARIA AUXILIADORA DUBUC

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Mensaje por marinawais el Vie Ago 12, 2016 11:28 pm

Fooooo, esto huele demasiado a quemado.    Twisted Evil




Turquía: ¿Una tiranía para defender la democracia?
10/08/2016 Internacional


Ana Stollavagli– Empleados despedidos, escuelas y universidades clausuradas, enfermos trasladados por el cierre de las clínicas en las que estaban internados, jueces y fiscales embargados, periodistas censurados, detenciones masivas… Estas son las medidas que tomó el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, tras el intento de golpe de Estado del 15 de julio pasado.

Ese día, un grupo de militares encabezó una sublevación sangrienta contra el jefe de Gobierno que, hasta hace algunos años, parecía destinado a convertirse en el líder político más importante de la historia moderna de su país.

En los albores de su carrera pública, como alcalde de Estambul, Erdogan había conocido la cárcel a causa de su encendida defensa de la lucha armada en el Islam, pero luego abogó por la separación de la religión y el Estado –aunque la agrupación que fundó en 2001, el gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), es islamista–.

Desde entonces, el AKP ganó todas las elecciones, con Erdogan como primer ministro a partir de 2002. Y en 2014, el político y economista de 62 años fue elegido presidente. Durante todo ese tiempo, su Gobierno consiguió darle una prosperidad inédita a Turquía, procuró la incorporación del país a la Unión Europea y llamó al diálogo con los separatistas kurdos.

Pero las cosas cambiaron en los últimos años, cuando se conocieron presuntos casos de corrupción que alcanzaban al presidente y a su hijo. Erdogan acusó entonces a su antiguo aliado para la formación y crecimiento del AKP, el clérigo Fethullah Gülen, de motorizar esas denuncias para intentar desestabilizar así su Gobierno.

Gülen estaba exiliado en Estados Unidos desde hacía más de una década, pero seguía manejando sus intereses en Turquía: medios periodísticos, universidades y residencias para estudiantes, creadas por su movimiento Hizmet, que en turco significa ‘servicio’.

Erdogan, además, mostró mano de hierro cuando, en 2013, un grupo de jóvenes protestó contra la construcción de un centro comercial en la tradicional plaza Taksim, de Estambul, que implicaría la tala de 3,000 árboles del parque Gezi. Tras ordenar el desalojo, las protestas contra su autoritarismo se extendieron por las grandes ciudades, y en la dura represión hubo una decena de muertos.

Aquello fue el germen para lo que entonces se conoció como el mayo turco, en comparación con la rebelión estudiantil y obrera de Francia en 1968; o los indignados de Estambul, poco después del surgimiento del movimiento social español que se replicó en otras partes del mundo.

La justicia frenó la cuestionada construcción, pero el Gobierno siguió imponiendo el orden: prohibió las manifestaciones y reforzó el control sobre la prensa. Y cuando las redes sociales fueron el medio de comunicación más confiable para los ciudadanos, ordenó una ley para censurar internet, ya que el partido gobernante tuvo mayoría legislativa por años.

Aunque en el último medio siglo Turquía había sufrido cuatro golpes de Estado, el Gobierno de Erdosan logró mantener bajo su control a las Fuerzas Armadas hasta el último 15 de julio, cuando un grupo de militares anunció que tomaba el mando de Turquía al considerar que el presidente era “un traidor y había perdido legitimidad”. El dirigente, que se encontraba de vacaciones, pidió a través de la señal de noticias CNN que el pueblo saliera a la calle para “darle una lección al Ejército”. Con civiles armados enfrentando a los insurgentes, el saldo de la refriega, según el Ministerio de Relaciones Exteriores de Turquía, fue de al menos 290 muertos y 1,400 heridos.

Poco después, Erdosan decretó el estado de emergencia por tres meses, extendió por decreto de cuatro a treinta días el tiempo en que los ciudadanos pueden permanecer arrestados sin necesidad de que se presenten cargos contra ellos, detuvo —según cifras oficiales— a casi 26,000 personas entre civiles y militares, echó a 60,000 empleados de la administración pública, desplazó a directivos de empresas, despidió y embargó a jueces y fiscales, suspendió quince sindicatos, quitó unos 75,000 pasaportes y restringió los viajes al extranjero con la excusa de evitar la fuga de golpistas, y clausuró 35 clínicas y más de 2,300 instituciones educativas de todos los niveles. Estas entidades, en su mayoría, pertenecen al movimiento de Fethullah Gülen, a quien el presidente acusó de idear la asonada militar, por lo que pidió a Estados Unidos su extradición.

Desde Pensilvania, el líder religioso ha rechazado tanto la acusación como el alzamiento armado, y ha señalado que Erdogan está buscando convertir “la democracia parlamentaria en una presidencia ejecutiva sin controles a su poder”.

Algunos analistas políticos coinciden en esta apreciación y sostienen que pudo haber sido el propio presidente quien orquestó el alzamiento, al solo efecto de justificar las medidas tomadas desde entonces. Recuerdan, además, el caso Ergenekon, una supuesta conspiración en su contra, ideada en 2003 por militares, periodistas y legisladores opositores, que luego fueron condenados a penas de hasta 49 años de prisión. La presunción de estos expertos es que solo se trata de un invento del Gobierno para sacar de la escena a sus rivales.

La comunidad internacional también ha rechazado el intento de golpe institucional, pero ha reaccionado de distintas maneras a la respuesta de Erdogan. Rusia, con quien la relación era tirante desde el derribo de un avión de combate de Moscú en la frontera con Siria, ha apoyado incondicionalmente al presidente turco. Estados Unidos, en cambio, se ha mostrado en contra de la detención de todos los funcionarios de alto rango con los que estaba en contacto y, al igual que la Unión Europea —con excepción del secretario general del Consejo de Europa—, ha criticado la purga desmedida llevada a cabo por el presidente turco en todos los estamentos de la sociedad. Erdogan ha respondido acusando a Occidente de “apoyar el terrorismo y a los golpistas”.

Turquía, además, ha renunciado a la aplicación del Convenio Europeo de Derechos Humanos, que defiende el derecho a la libertad de pensamiento y expresión y a un proceso equitativo, y prohíbe la tortura, pero admite que “pudo haber cometido errores, que serán corregidos”.

Analistas internacionales coinciden en señalar que el contragolpe de Erdogan, alguna vez doctor honoris causa por promover el entendimiento y la reconciliación, se parece más a una caza de brujas en la que pagan justos por pecadores por el solo hecho de pensar distinto. Una caza de brujas que, en el fondo —afirman—, obedecería a su afán de perpetuarse en el poder cueste lo que cueste.

Foto: Gobierno de Rusia (CC BY 4.0)


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